miércoles 21 de octubre de 2009

Crema de calabaza "Tuso"




Por Alice in Wonderland


No suelo cocinar, así que es la primera vez que hago una crema de calabaza.

Primero preparo todos los ingredientes; según la receta (que cacé en internet), deberían ser estos:

400 gr de calabaza, 3 ajos, ½ cebolla, 1 puerro, dos chorros de nata líquida, 1 zanahoria, 1 tomate, 1 patata, caldo de pollo, sal, pimienta negra, mantequilla, azafrán (opcional) y 1 gato curioso (esto no viene en la receta y también es opcional;-)

Pero resulta que he comprado kilo y pico de calabaza, así que duplico todos los ingredientes. Después de partirlos en cuadraditos, rehogo la cebolla y el puerro con la mantequilla en una cacerola. Mi gato Tuso me observa atentamente desde el fregadero. Yo creo que este gato fue chef en otra vida, si no no me explico su interés por los platos que preparo, ¡con qué atención me mira! Claro que la posibilidad de que haya algo rico y comestible para él también puede ser otra motivación. El caso es que, aunque sean todo verduras, ahí que se queda mi Tuso, observando. Yo lo acaricio de vez en cuando y vuelvo a la tarea (después de haberme lavado bien las manos, claro, la higiene ante todo).


Mientras se pochan la cebolla y el puerro, me pongo a cortar la calabaza. Pero es de esas que vienen en bandeja, partida por la mitad, con la piel y todo, ¡y es muy dura! Como puedo me las apaño para ir cortándola a cachos, con no pocos esfuerzos, mientras la cebolla ya está demasiado blanda. Por fin lo consigo, la calabaza se queda peladita y cortadita en cubos. Entonces la agrego a la olla. Le echo un vistazo a la receta (en el ordenador portátil :-D), y leo con sorpresa que me he adelantado. ¡Ahora no tocaba la calabaza, sino la patata! Aggghhhh. Bueno, no pasa nada, sigo rehogando la calabaza con lo demás un buen rato. Y luego añado la patata como si nada hubiera pasado y la rehogo unos 10 minutos.

Vuelvo a leer la receta y resulta que después de la patata iban la zanahoria y los ajos, pero como ya no hay marcha atrás, los echo ahora, con la calabaza y todo lo demás. Rehogo otros 10 minutos. La calabaza ya está más que deshecha. Como me adelanté, ahora pongo el tomate rallado y el caldo de pollo, cubriendo un poco todo. Y lo dejo cocer más o menos 20 minutos.

Pasado este tiempo vuelvo a la cocina. Tuso, al ver que ya no había acción en los fogones, se ha salido a la ventana, para contemplar... ¿el patio de vecinos vacío? A saber lo que ven los gatos de noche... Al entrar yo, regresa a su observatorio junto al fregadero.

Lo trituro todo bien en la olla (Tuso me sigue mirando atentamente). Más que crema parece puré, así que añado un poco más de caldo, dos chorros de nata líquida y vuelvo a batir. La pruebo, corrijo de sal y pongo un poco de pimienta negra. Dejo que hierva.

La crema ha quedado bastante espesita, pero sabe bien. Apago la luz y Tuso me sigue hasta el salón. La cena está lista.

PINCHA aquí para seguir leyendo y trajinando toda la RECETA...

martes 22 de septiembre de 2009

Sopa de verduras y champiñones “Sol Poniente”



Hoy se me ocurrió hacer una sopita de esas que tanto apetecen al filo del otoño, cuando los días se acortan, la cama (todavía desnudita) nos pide abrigo y la estufa aguarda en el trastero descontando los días para entrar (y hacernos entrar) en calor.

Es muy sencilla, los ingredientes son básicos y admite todo tipo de mezclas y cambios.

En casa tenía:
puerro, zanahorias, apio, un puñado de champiñones, perejil “regalao”, albahaca, tomates en rama, fideos finos y salsa de soja.

Y me ha salido así de rica:



Antes de nada he alcanzado la olla rápida, que estaba en el estante más alto de la cocina, donde ha pasado el verano. En un fondo de aceite he dorado un puerro, una zanahoria, un trocito de apio (gran descubrimiento) y los champiñones (si son naturales, mejor), todo muy picadito (ya le estoy cogiendo el punto al cuchillo). Pongo un pellizco de sal. Sin esperar a que esté todo pochado añado el agua (cantidad que dependerá de cuántos seamos para comer o de cuánta sopa queramos tomar el resto de la semana ;-) y un tomate colorao cortado en cuartos (se deshará con la temperatura de la olla y al abrirla podrás retirar los pellejos con facilidad). La cierro bien y la ajusto en el punto 2. Cuando empieza a silbar, bajo el fuego al mínimo y espero 15 minutos, más o menos. Apago para que suelte el vapor y cuando puedo destaparla, vuelvo a encender el fuego, muy bajito, y echo un poquito de perejil fresco picado, albahaca, un buen chorreón de salsa de soja (Kikkoman es la que más me gusta) y unos fideítos de esos de cabello de ángel. Comprobamos si le falta sal y en unos minutos tenemos una sopa nutritiva de tonos rojizos y dorados diciendo «¡Coge la cuchara ya!».

Alternativas: Siempre le puedes cuajar un huevo; echarle un hueso de jamón; utilizar el caldo que sobre, bien colado, para hacer un arroz sabroso; batir el resto de la verdura con una patata y un calabacín cocidos y unos cominos, y conseguir una crema rica rica…

¡Salud!

PD: Por supuesto, se puede hacer igual de rica en la olla normal de toda la vida.

PINCHA aquí para seguir leyendo y trajinando toda la RECETA...

viernes 17 de julio de 2009

Ensalada verde con pollo, bacon crujiente y cherries explosivos




—¡Nenaaaaaa! ¿Está ya la cenaaaaaa?

Mi marido me reclama desde su estudio-santuario en la planta de arriba. Lo imagino con la cara inmersa en sus libros, cogiendo un curioso tono de piel papelino, con letras de imprenta por pelos de barba. Pronto se examina.

Como he llegado hace nada, para qué cambiarme de ropa. La cena es sencillita y me manejo bien. Así que pongo lo que necesito en la mesa de la cocina, donde desayunamos en verano y cenamos en invierno, según la meteorología: el bacon, la pechuga de pollo cortada en tiras, lechugas varias (rizadas, verdes, rojas), queso cheddar (o el que más os guste; yo es que soy muy quesera) y esos tomatitos pequeños como canicas gordas, jugosos y de un rojo brillante de lo más apetecible; tomates cherry, eso...



Preparo las hojas verdes en una ensaladera guapa (me gustan los lebrillos de cerámica granadina) y la aliño. Enciendo el fuego y en una sartén rebozo la pechuga, con harina, huevo y pan rallado (ojo, que el orden de los factores sí altera el producto ;-)). Cuando está lista, en otra sartén le doy vuelta y vuelta al bacon hasta que se enrosca sobre sí mismo, como asustadillo de tanto calor, y se vuelve crujiente (o crocante, como dicen los chefs, jeje). Se enfría rápido, así que voy montando la ensalada. Cojo las tijeras y corto el pollo en tiras y el bacon en cachitos, más o menos del tamaño de un bocado. Así está perfecto. Y ya que tengo las tijeras en la mano, digo, voy a cortar por la mitad los cherries, ya que estamos. Pero los cherries (gordos, jugosos y brillantes) son enemigos de ese objeto afilado que no hay que dejar nunca abierto (¡superstición!) y los muy capullos revientan a la primera de cambio. En buena hora… Me pongo toda perdida: la camiseta parece asesinada, con claros signos de crimen doméstico; tengo las pestañas llenas de pepitas, la nariz gelatinosa y ese olor a tomate reventao… Corro a lavarme antes de que se me seque la pasta y no pueda parpadear. Me escuece un ojo.

—¡Nenaaaaaaaa! ¿Bajo yaaaaaaaaa?

Me enjuago allí mismo en el grifo del fregadero, cojo una camiseta limpia que estaba tendida, me cambio, pongo la mesa, me siento, llamo a mi marido, que baja, se sienta, me mira y me dice, con su cara de folio «Nena, ¿y esas pepitas que tienes por todo el pelo? ¿Y ese churretón que tienes en el cuello?».

¡Buen provecho!

Por Eva Lao García

PINCHA aquí para seguir leyendo y trajinando toda la RECETA...